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24 de julio del 2014
Alternativas agroecologicas a la agricultura moderna Convencional para enfrentar las necesidades de alimentos (Primera parte)
Autor:
Miguel A Altieri, Profesor de Agroecología Universidad de California, Berkeley


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Las nuevas tecnologías agrícolas desarrolladas y extendidas en las tres últimas décadas han contribuido a un crecimiento sin precedentes de la producción mundial de alimentos.
Sin los frutos de la revolución verde, habría un gran déficit de alimentos, o un impacto medioambiental adverso debido al cultivo de grandes áreas de terrenos poco apropiados.
Pero hay una preocupación creciente acerca de que este modelo se agota y que la
trayectoria del desarrollo agrícola, que conlleva tanto costos como beneficios, pudiera no
ser la mejor ni la única alternativa para el futuro.


¿Pueden cubrirse las futuras necesidades de alimentos usando más de los mismos tipos de
inversiones agrícolas promovidos en las tres últimas décadas -basados en investigación,
extensión, infraestructura y política? ¿O es que los productores y quienes toman las
decisiones deberían buscar otras formas sostenibles para el medio ambiente,
económicamente eficientes y socialmente equitativas en cuanto a incrementar la oferta
mundial de alimentos? ¿Existen tales alternativas? ¿Cuál es el potencial de las estrategias
de producción que dependen más de un manejo agroecológico que de inversiones de
capital; más de recursos locales que de insumos externos, y más de procesos biológicos
que de aplicaciones de químicos?

Es indudable que en el futuro se necesitará aumentar la producción de alimentos.
Ciertamente es crítico y está bien justificado el aumento de las inversiones públicas y
privadas en investigación y extensión agrícola, considerando cuánto tiempo habrá de
transcurrir antes de que las nuevas prácticas sean ampliamente aceptadas y explotadas en
su totalidad.

Tomando en consideración los programas innovadores en Africa, Asia y América Latina,
se considera conveniente un creciente intercambio de esfuerzos de investigación y
extensión agrícola más enfocados en estrategias basadas en conceptos agroecológicos.

Este enfoque ofrece oportunidades para incrementar la producción de alimentos, no sólo
en cantidades sino en múltiplos. Como se ha visto en los estudios de caso, una mejor
combinación de cultivo, suelo, agua y manejo de los nutrientes, que integre al ganado o a
los peces en los sistemas agrícolas, además de los procesos de manejo integrado de
plagas, logra con frecuencia un incremento de la producción de 50 a 100 por ciento o más
en una amplia gama de circunstancias, incluso en algunas bastante adversas desde el
punto de vista agrícola.



El mensaje central de la conferencia –para los gobiernos, investigadores, agencias
donantes y agricultores- es que son numerosas las alternativas en investigación y
96 desarrollo agrícola que merecen ser investigadas y apoyadas. Es indudable que si se
toman en serio estas alternativas –y se refinan, adaptan y diseminan- se podrá determinar
si la población del mundo cubrirá con éxito sus necesidades de nutrición y, al mismo
tiempo, mantener un ambiente natural y social apropiado a la vida en siglo XXI.

LA SITUACIÓN
Las proyecciones difieren sobre cuándo exactamente, en el próximo siglo, los
productores de todo el mundo necesitarán doblar el actual nivel de producción agrícola
para satisfacer los requerimientos de una población más grande y, como todos esperan,
más próspera. En el presente hay grandes necesidades de alimentos no cubiertas.
Pocos dudan que tarde o temprano se tendrá que incrementar substancialmente la
producción. Sin embargo, si la fecha límite es el 2030 o el 2050 lo más importante es
cómo encontrar el modo de alcanzar este gigantesco reto de duplicar la provisión mundial
de alimentos.

CONTRIBUCIONES TECNOLÓGICAS

Esta pregunta ha sido respondida con optimismo al señalar que la producción de los
principales cereales (arroz, trigo, maíz) se ha duplicado en los últimos 30 a 35 años. Esta
importante aceleración sin paralelo en la producción de alimentos se logró con el uso de
las tecnologías de la “Revolución Verde” –semillas mejoradas de variedades de alto
rendimiento, irrigación, fertilizantes y otros agroquímicos.

No está muy claro, sin embargo, qué se necesita hacer de aquí en adelante para lograr la
seguridad alimentaria, para todos, en los años venideros. En la década pasada, el aumento
de los rendimientos gracias a la tecnología de la Revolución Verde se ha venido
desacelerando y en algunos casos se ha detenido (Pingali et al., 1995). Los rendimientos
más altos se han obtenido por el uso cada vez mayor de fertilizantes y agua de riego, que
en muchos lugares ha sobrepasado el límite de los retornos decrecientes. Por lo tanto, el
incremento en el uso de estos insumos ha devenido en una menor productividad. Más
aún, con el uso de altos niveles de insumos se han registrado impactos medioambientales
adversos en los sistemas de producción bajo uso intensivo de químicos y combustible
fósil.

A mediados del próximo siglo habrá aproximadamente un tercio menos de tierras
cultivables per capita y tal vez una reducción equivalente en la disponibilidad de agua
para fines agrícolas. Para duplicar la provisión de alimentos será necesario incrementar la
productividad de la tierra y el agua, pese a la menor disponibilidad de estos recursos
naturales clave. Asimismo, a menos que se realicen grandes y exitosos esfuerzos,
continuará la reducción de la biodiversidad, que es la fuente del material genético
necesario para lograr mayores avances en el mejoramiento de plantas y animales. Los
cambios climáticos globales podrían verse acelerados, con consecuencias indeseables
para la agricultura.

Algunos ven a la biotecnología como un medio para obtener mayor incremento de la
producción agrícola en el futuro. Pero los principales beneficios de la biotecnología
todavía reposan en el horizonte. Dados los incentivos y la predominancia del sector
privado en este dominio, son pocas las actuales inversiones en biotecnología que tienen
como objetivo aumentar los rendimientos o de que sean útiles para agricultores pobres.

Es posible que algunos adelantos tecnológicos avanzados transformen las posibilidades de la producción en la agricultura. Pero, por la importancia crítica de los alimentos para el bienestar y el mantenimiento de la vitalidad económica de los seres humanos, no es aconsejable poner todas nuestras esperanzas agrícolas en la canasta de la biotecnología. Ni el paradigma tradicional ni el paradigma de la biotecnología parecen ser suficientes.

CAMBIOS EN EL CRECIMIENTO Y LA DEMANDA DE LA POBLACIÓN

La buena noticia es que la tasa de crecimiento de la población está empezando a
descender a nivel global y es bastante drástica en algunos lugares. Por ejemplo, el número
promedio de niños nacidos en Bangladesh ha descendido de 6.2 a 3.4, en sólo una
década, al tiempo que las tasas de crecimiento de la población están cayendo en la
mayoría de los países en desarrollo. Sin embargo, la rápida expansión previa de la
población mundial ha creado una estructura juvenil formada por millones de hombres y
mujeres que están en sus años más fértiles o cerca de ellos.

Los demógrafos han retrocedido en sus estimados sobre la máxima población humana
esperada, de un pico de 15-18 mil millones a 8-10 mil millones de personas. Pero incluso
este crecimiento reducido significa que habrá la mitad o dos tercios más de personas
sobre la tierra de las que ahora viven en ella. Casi todo el aumento de la población se
concentrará en los países menos desarrollados y en gran parte bajo condiciones de
pobreza y desnutrición.

Según estimados de FAO, unos 800 millones de personas sobre la tierra viven bajo
condiciones de hambre y desnutrición perpetuos. Asegurar la alimentación para ellos y sus descendientes será más difícil si la provisión total de alimentos no crece lo suficiente. La forma en la cual se producen los alimentos debería contribuir a cubrir las necesidades de quienes tienen mayor inseguridad alimentaría.

En la medida en que el crecimiento de la población sea lento, el mayor incremento de la
demanda por una mayor producción agrícola significará elevar los ingresos, que es el
objetivo de todos los gobiernos y casi todos los individuos.



Aunque los más ricos gastan proporcionalmente una menor parte de sus ingresos en
alimentos, en total consumen más cantidad de comida, lo cual en gran parte contribuye a
las diferentes clases de enfermedades que sufren los pudientes.

Los cambios en la dieta que a menudo acompañan a las personas de mayores ingresos
requerirán mayores incrementos en la producción de animales, y no sólo de granos
comestibles, ya que los alimentos de origen animal desplazan parcialmente a los de
origen vegetal. De modo que haríamos un estimado conservador si decimos que para
cubrir las necesidades económicas y sociales en las próximas tres o cuatro décadas, el
mundo debería estar produciendo por lo menos el doble de los alimentos que hoy
produce.


CONSIDERACIONES ECONÓMICAS Y DE DISTRIBUCIÓN


Con sólo aumentar la oferta de alimentos no se asegura la alimentación a todos los
hogares, comunidades y naciones. Es esencial una distribución más equitativa de los
ingresos y de los alimentos porque el acceso a los comestibles finalmente depende del
poder de compra, obtenido de cualquier forma. La pobreza, y no la oferta insuficiente, es
la primera y la más importante causa del hambre. Sin embargo, esto no cambia el hecho
de que una adecuada oferta de alimentos sigue siendo una condición necesaria, aunque no
suficiente, para eliminar el hambre y la pobreza. El acceso a la tierra por los pobres para
producir sus alimentos también es fundamental.

Debido a que los pobres se alimentan pobremente, son muy débiles y propensos a
enfermedades como para sacar el máximo provecho de los recursos que poseen. Esto
reduce su escaso poder y por lo tanto reciben una pobre compensación por su trabajo.

Cuando hay escasez de alimentos, lo que se recorta es el consumo de los pobres. En
forma figurativa, y algunas veces literal, ellos están “al final de la cola” dentro de una
distribución de alimentos que empieza en la máxima jerarquía socioeconómica. Cuando
se ha repartido todo el alimento disponible, quienes permanecen en la cola pasarán
hambre.

Más aún, cuando la demanda excede la oferta, los precios de los alimentos aumentan,
muchas veces en forma drástica. Esto reduce el ingreso real y en especial reduce aún más
los pequeños ingresos de los pobres y también afecta los modestos ingresos de la clase
media.

Está claro que se necesita revisar el tema socioeconómico y político para reducir la
pobreza y el hambre. Pero la preocupación por el incremento de la oferta se justifica en
términos prácticos y éticos. Quienes están subalimentados necesitan alimentación
adecuada y buena nutrición para alcanzar sus potenciales productivos y humanos, lo cual
no sólo los beneficiará a ellos mismos sino también a otros miembros de la sociedad.

En la medida en que se presenten deficiencias en la producción y escasez de alimentos,
quienes están bien alimentados notarán que el crecimiento de la economía de la cual
depende su bienestar se está desacelerando. Los recursos que podrían ser dedicados a
otras inversiones y formas de consumo tendrán que ser empleados para cubrir las
necesidades básicas de alimentos. La inversión de capitales para la expansión de los
sectores no agrícolas tendrá que disminuir en la medida en que el mundo tenga menor
capacidad para alimentar a todos sus habitantes.

EL CAMBIO Y LA OPORTUNIDAD

La actual ciencia convencional sostiene que es posible duplicar la oferta de alimentos y,
en la opinión de algunos, ello únicamente será posible redoblando los esfuerzos por
modernizar la agricultura global. El éxito de la agricultura de alta tecnología basada en la
mecanización de la producción, la dependencia en combustibles fósiles para generar
poder y producir agroquímicos, y las grandes inversiones de capital por trabajador y por
hectárea ha creado en los gobiernos, instituciones de investigación y agencias de
donantes la presunción de que “más de lo mismo” es la mejor y tal vez la única estrategia
para aumentar la producción de alimentos.

En realidad no existe un único enfoque contrastante sino una variedad de enfoques
alternativos a las prácticas y tecnologías corrientes. También se cuenta con importantes
complementos potenciales entre los diferentes tipos de prácticas agrícolas1. Por lo tanto,
el término “agricultura alternativa” no es muy satisfactorio. La denominación de
“agricultura sostenible”, ampliamente difundida y sin duda usada por los participantes de
muchas conferencias, también es discutible porque sostenibilidad es un contingente de
múltiples factores más que una característica inherente a cualquier práctica o sistema
agrícola en particular.

Pocos sistemas pueden permanecer productivos ante la posibilidad de cualquier condición
adversa. También es más fácil sugerir qué sistema puede no ser sostenible que saber cuál
retendrá indefinidamente su productividad. Los participantes en la conferencia aceptaron
que los conceptos y terminologías que describen las diferentes prácticas y tecnologías, y
sus proponentes, en campos opuestos -más que en continuos- no benefician a los
principios y propósitos ni a las personas involucradas en buscar opciones.

Los proponentes de las tecnologías de la Revolución Verde pueden señalar muchos
beneficios obtenidos de estas innovaciones. La disminución del precio real de los cereales
en las tres décadas pasadas ha sido una contribución importante para aumentar la
seguridad alimentaria en todo el mundo (Conway, 1997). Pero este progreso técnico ha
dejado de lado a millones de campesinos para quienes las tecnologías no fueron
apropiadas por las condiciones ambientales, sociales, de infraestructura, u otras. Es más,
estas tecnologías, particularmente cuando se usan en los grandes sistemas agrícolas
“industrializados”, pueden crear problemas medioambientales que erosionan los
ecosistemas y afectan la salud humana.

Mil millones de personas aproximadamente –la sexta parte de la población mundial y en
mayor porcentaje los pobres- viven y trabajan en situaciones en las cuales sus actividades
agrícolas, ganaderas o pesqueras no se benefician de las tecnologías agrícolas modernas.
Factores como el tamaño del terreno, lluvias inadecuadas, pobre fertilidad de los suelos,
topografía desfavorable y lejanía de los mercados, infraestructura e instituciones, hacen
que estas tecnologías no estén disponibles o no sean apropiadas. Esto no debiera causar
sorpresa ya que las tecnologías más modernas han sido desarrolladas y probadas para
tener éxito bajo condiciones más bien favorables que desfavorables.

Incluso en las áreas mejor dotadas, la sostenibilidad de estas tecnologías modernas es
ahora problemática. La falta de agua y la erosión del suelo ya se han manifestado como
problemas serios para la industria agrícola. Las aguas de las cataratas en Punjab (India),
en los llanos del norte de China y en las Grandes Llanuras de Estados Unidos, por
ejemplo, podrían amainar las prácticas de producción “sedientas” en las décadas
venideras. Se debe establecer controles en la agricultura moderna para reducir la
escorrentía de químicos, residuos y la concentración de nutrientes tóxicos por el uso de
agroquímicos y fertilizantes químicos, especialmente la aplicación a gran escala de
grandes cantidades de nitrógeno.

Pero la conferencia no fue convocada para evaluar los futuros potenciales y limitaciones
de las tecnologías de la Revolución Verde. Los datos y análisis considerados en Bellagio
se relacionan con los potenciales y problemas de diversas alternativas o complementos a
estos enfoques intensivos en capital para aumentar la producción agrícola.
CO. Fin: Primera Parte

 

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